San Pablo, el camino de sanación

El tema es la sanación de las heridas en el corazón. Reconocer que todos estamos heridos y somos necesitados, es el primer paso. El cómo y a quién le pedimos ayuda es vital, necesitamos ser acompañados por las personas correctas y recorrer con ellos un camino para encontrar la verdad que nos sana, ordena y libera.

Recibí un Podcast muy bueno, lo puedes escuchar en Spotify – Soul vs. Spirit – Parte 1 y 2 – Conversations con John Eldredge y el equipo en Ransomed heart. Y en ésta liga: https://www.ransomedheart.com/rhplay/podcast/soul-vs-spirit-part-1 Te lo recomiendo mucho.

Un genuino encuentro con Dios sí hace nuevas todas las cosas – sólo El, es capaz de penetrar el corazón y sanarlo.

También actúa a través de las personas – para ayudarnos a identificar nuestras heridas, mente, psique, afectividad…

La conversión de San Pablo es muy puntual para explicarlo:

Judío, nacido en Tarso de Cilicia, instruido a los pies de Gamaliel según la observancia de la Ley, Saulo es un asesino, acérrimo enemigo de los seguidores de Cristo.

MIRANDO A SAN PABLO NOS PODEMOS PREGUNTAR CÓMO SE REALIZA EL ENCUENTRO PERSONAL CON CRISTO Y QUÉ RELACIÓN SE GENERA ENTRE ÉL Y QUIEN CREE.

Un día, un encuentro real con Jesús:

Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». El preguntó: «¿Quién eres tú Señor?». «Yo soy Jesús, a quien tú persigues, le respondió la voz. Ahora levántate, y entra en la ciudad: allí te dirán qué debes hacer».

Cambio su vida, no cabe la menor duda. Es verdad, Jesús sale al encuentro y cambia tu vida, no sólo la vida de San Pablo hace siglos. Algo poderoso en presencia de Jesús sucede en tu historia, no es una idea, no son interpretaciones de sus enseñanzas, ES Jesús en persona a quien te has encontrado de frente.

Sucede un milagro real en tu vida. Pero, lo que es fascinante es que Su poder no termina ahí – empiezas con Él y la ayuda de quienes saben cómo acompañarte un largo camino de sanación, dejándote redimir, recrear por El.

Pablo se retira del escenario y guarda silencio catorce años.

«Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por medio de su gracia, se complació en revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos, de inmediato, sin consultar a ningún hombre y sin subir a Jerusalén para ver a los que eran Apóstoles antes que yo, me fui a Arabia y después regresé a Damasco». Hechos 9

Cuando regresa es un hombre distinto, ha hecho un camino de verdadera conversión permitiéndole a Dios sanarle a través del tiempo necesario para anunciar la verdad de quién es, gracias al encuentro vivido con Dios y consigo mismo.

«…nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado». Romanos 6

Pablo es humilde, apasionado, comprometido – consciente de la batalla interior que vive, se sabe un hombre en camino a la madurez espiritual que necesita para ser un hombre nuevo...

«Y para que la grandeza de las revelaciones no me envanezca, tengo una espina clavada en mi carne, un ángel de Satanás que me hiere». 2 Corintios

Lo recibido debe anunciarlo, sí. Pero es consciente de cómo es odiado por quien no quiere que se anuncie la verdadera libertad de quienes se han encontrado con el AMOR, y se reconocen hijos amados, llamados.

“Todos somos justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención de Cristo Jesús” Romanos 3, 24.

Con estas palabras san Pablo expresa el contenido fundamental de su conversión, la nueva dirección de su vida como resultante de su encuentro con Cristo resucitado. Antes de su conversión, Pablo no era un hombre lejos de Dios y de su Ley; por el contrario, era un judío observante, de una observancia fiel hasta el fanatismo. Pero iluminado por su encuentro con Cristo comprendió que había buscado construirse a sí mismo, construir su propia justicia, y que era toda esta justicia la que él mismo vivía. Comprendió que era absolutamente necesaria una nueva orientación de su vida. Y esta nueva orientación la encontramos expresada en estas palabras: “Mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí” (Gal 2,20). Pablo, pues, no vive ya para sí mismo, por su propia justicia. Vive de Cristo y con Cristo. Benedicto XVI – Audiencia general Noviembre 8, 2006

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